.melo en Kathmandu (y en la India)


Deliciosa Varanasi
Miércoles, 1 abril 2009, 20:21
Filed under: india, katmandú, nepal, varanasi

Los pelillos de mi bigote

Me encanta esta ciudad. No se si será sagrada como creen los hindúes pero seguro que es mágica.

Esta mañana ha sonado el despertador a las cinco y media de la mañana. Javi ha dormido mal por el calor y ha preferido seguir en la cama, pero yo me he levantado, he preparado la cámara y he salido a la calle.

Tenía en mente ver amanecer y aprovechar la luz matutina que ilumina la orilla de los ghats de Benarés.

He salido del hotel y había varios chavales esperando en la puerta. Uno de ellos, el más espabilado se ha ofrecido a llevarme en barca.

Ha comenzado con un precio desmesurado, le he dicho que era mucho dinero para mi, que yo no era japonés ni yankee (a ésos se las cuelan todas) y que iba a buscar otro barquero a la orilla del Ganges.

Me ha seguido, mientras iba bajando él mismo la cantidad, hasta llegar a un precio razonable. El que me habían dicho unos españoles el día anterior en el hotel. Hemos cerrado el acuerdo.

Tenía una barca pequeña, pero manejable y hemos estado durante una hora recorriendo la orilla. A esa hora la luz del amanecer baña la orilla derecha del Ganges, pintándola de cálidos tonos.

Además los hindúes realizan al amanecer su abluciones matutinas en su río sagrado a lo largo de los siete kilómetros de ghats.

A lo largo de esos siete kilómetro desembocan los más de treinta colectores de aguas negras de la ciudad.

El agua del Ganges, a su paso por Varanasi tienes más de 1.500.000 bacterias coliformes fecales por cada 100 ml. de agua. Para que el baño fuese aconsejable esta cantidad debiera ser inferior a 500.

Pese a ello los hindúes, envueltos en coloridos saris, se sumergen completamente y enjuagan su boca mientras musitan sus oraciones. La fe mueve montañas, ellos dicen que el Ganges es su Madre Sagrada y su madre nunca les hara dano.

Mi barquero era un chaval de catorce años que me ha contado que no era el propietario de la barca, sino un empleado del barquero.

Insistía, eso si, educadamente y sin ser pesado, en que tras la ruta en barca le acompañase a una fábrica de seda, “solo a mirar, no a comprar”.

Educadamente le he dicho que muchas gracias, pero que en mi armario no tengo nada de seda y que no iba a cambiar mi fondo de armario por visitar Benarés. De todos modos el chaval era espabilado y se había ganado una propina, por que supongo que su jefe le pagará cuatro gordas.

Estaba encantado de su nuevo movil. Era un nokia cabezón y según me decía orgulloso, tenía mp3 y bluetooh.

Hemos acabado la ruta en barca, le he dado una merecida propina sin que su jefe me viese y luego le he pagado el importe del viaje al dueño de las barcas.

Luego he dedicado otra hora a recorrer los ghats, cámara en mano. Un espectáculo.

Bastante sadhues (santones hindúes) verdaderos, profundamente religiosos, que rezaban en silencio totalmente concentrados.

Bastantes más sadhues falsos, teatreros limosneros que, aunque dan mucho mejor en las fotos (se ‘maquean’ para ello) solo reciben limosna de extranjeros por que los locales les conocen ya del barrio.

Barberos afeitando o cortando el pelo a navaja (a muchos al cero) al borde de los ghats. Familias de peregrinos que continuaban con sus abluciones en el Ganges. Buscavidas que intentan darte un masaje, venderte una postal, darte un paseo en barca, …

Las permanentes y sagradas vacas basureras y decenas de perros durmiendo a pierna suelta en medio del camino (y la gente rodeándoles sin atreverse a molestarles).

Camellos (y no los de Jaisalmer que eran dromedarios) que intentan colocarte hachis, marihuana, opio, ketamina (que no se lo que pero acabando en “-mina” debe ser alguna mierda química que te taladra el cerebro).

Me he reído con uno de éstos. Un chavalín que me susurraba ofreciéndome “hash”.

Me he hecho el tonto y le he preguntado en tono normal qué me ofrecía y me ha aclarado en tono bajo que “hash, hachís, …”.

“¿Hachís?”, le he dicho en un tono preocupado con el ducados humeante y a medio fumar entre los dedos.

“Drugs?, …, eso es malíííísimo para el cuerpo, eso te hará un pobre hombre, deja las drogas amigo, piensa en tu cuerpo, …”, el chaval se ha puesto rojo como una papaya, no sabía dónde meterse temiendo que alguien nos hubiese oído y se ha escabullido todo lo rápido que ha podido.

He estado riéndome un rato.

Varios comisionistas de tiendas de sedas, alfombras, …, intentaban llevarme a sus tiendas. Lo tenian complicado.

Uno de ellos, un vejete me ensenaba un libro de firmas de viajeros, clientes suyos, que recomendaban cada uno en su idioma las virtudes del comercio del abuelete.

Eran hojas descoloridas de un antiguo dietario, guardadas en fundas transparentes que el mostraba con orgullo y yo miraba por educacion.

He buscado alguna dedicatoria en castellano y he encontrado algo que de repente me ha llamado la atencion.

Una letra igualita a la de un amiguete mio, de la que he estudiado muchos apuntes durante la carrera y con el que cene la noche antes de venir para aca.

El estuvo en India (y en Varanasi) en 1987 y aunque firmaba como ‘Felipe Gonzalez Marquez, Palacio de la Moncloa, 1′ juraria que era su letra. No se.

Luego he vuelto al hotel y he descargado las fotos en el portátil. Hay unas cuantas chulas. Si te gusta la fotografía India es un paraíso, el nirvana de los fotógrafos.

Cuando vuelva a España no se qué me va a motivar para sacarle fotos. Al principio del viaje me enamoraban las estampas de vacas y de rickshaws. Ahora ya son animales de compañía que no te llaman la atención.

Lo mismo pasa con las cabras, los saris coloridos, las ratas o las salamandras, cada vez más, tamhién, animales de compañía. Me estaré volviendo o insensible o indio. No se.

Recordando el libro de firmas he mandado un mail al curro a mi colega para ver si recordaba algo del tema.

Y me he bajado a desayunar, Javi ya estaba preparado y nos hemos ido en una importante misión: encontrar un cajero automático.

Hemos comenzado a callejear, el trazado de callejones es un “sin dios” y no caben los rickshaws, así que o tiras de comisionista o te buscas la vida y como teníamos todo el día nos hemos ido a la aventura.

Tras un buen rato de callejear, realmente sin mucho criterio, hemos salido a una zona más amplia. Fea pero amplia. Y hemos supuesto que de haber algún cajero automático estaría por allí.

Calle arriba y calle abajo, no encontrábamos nada, pero sabíamos que estaban. En la guía dice que aquí hay muchos bancos. Había mil comercios, muchos de cosas irreconocibles, pero ninguna entidad bancaria.

Hasta que se nos ha acercado un buscavidas ofreciéndonos ver su factoría de seda, le hemos dicho que no queríamos seda sino un cajero automático y nos ha dicho que sin problema, que había dos muy cerca y que nos llevaba gratis.

Cuando en India te ofrecen llevarte gratis a cualquier lado hay que desconfiar, pero no nos quedaba otra y el tipo no parecía mas tío.

Nos ha llevado al cajero, hemos sacado tela y he intentado darle propina, pero nos ha dicho educadamente que gracias, que no hacía falta pero que si le hacíamos el favor de ir a ver su fábrica de seda, que estaba al lado de nuestro hotel.

Bueno, a él le interesaba para quedar bien con su jefe y a nosotros nos suponía volver gratis y sin perdernos a casa, así que le hemos dicho que si.

Ni Javi ni yo somos de comprar nada. De hecho hasta hoy no hemos comprado nada de nada.

Todo son chorradillas plasticosas y con rebaba a las que además debes destinar media hora para conseguir comprarlas por un precio razonable y no es un juego en el que queramos entrar.

Antes de entrar hemos pasado por varios controles militares, con sacos terreros, por la calle. La zona vieja de Benarés está tomada militarmente, ya nos dimos cuenta ayer.

Le hemos preguntado por qué y nos ha dicho que para proteger el templo dorado de ataques del terrorismo musulmán. En estos momentos (y en otros) India y Pakistán están a gorrazos.

Nos ha dicho que si estábamos interesados, tras la visita a la factoría, nos llevaba a ver el templo. Le hemos respondido que “may be”.

Hemos ido a la factoría de seda y nos ha metido en una sala inmensa de un segundo piso donde hemos visto en qué consiste la “factoría“.

Compran género (seda, seda con mezcla, algodón, lino, …) por metros a proveedores de tejidos (no se si del sur de India o si ya se los habrán comido los chinos) y los cortan para hacer foulards, saris, …, para el cliente final.

Nos han acomodado sentados en el suelo y ha venido el dueño.

Era un indio gordo, simpaticón y de unos cincuenta y muchos, diabético (tomaba chai sin azucar), hábil negociador, pero no sabía con quienes se enfrentaba. No es que seamos grandes negociantes, pero cuando no te interesa el género das un precio ridículo por educación y si la flauta suena te lo llevas.

Hemos estado media hora charlando de mil cosas y entre media viendo género. No sabía que la seda natural, al quemar los pelillos del borde huele a pelo quemado y si lleva mezcla de acrílico se retuerce y huele a plasticazo.

Lo que se aprende viajando.

Nosotros alabábamos la calidad del género, el trabajo que llevaba, los colores, …, pero le explicábamos que viajar a India era muy caro y que no teníamos dinero suficiente para pagar tanto trabajo. A ver si colaba.

Hemos ofrecido menos de un tercio del precio inicial.

Al final nos ha dado su último precio, la mitad del inicial y hemos dicho “esta es la nuestra”, le hemos dado las gracias y nos hemos levantado relajados agradeciéndoles el tiempo dedicado y la amabilidad en el trato.

Pensábamos que librábamos, pero craso error, en un periquete los teníamos envueltos para regalo en nuestro precio inicial. No hay como fingir desinterés, aunque en nuestro caso no fuera fingido.

Nos han invitado a un chai y hemos seguido un rato hablando del tiempo y del mundo. Relaciones comerciales cálidas.

Además no han sido excesivamente efusivos lo que nos ha hecho pensar que aunque él ha ganado (sino no hubiera cerrado la operación) hemos conseguido un buen precio.

Después el comisionista ha cumplido su palabra y nos ha guiado al templo dorado. Este es un templo dedicado a Shiva, el templo que más fervor despierta entre los peregrinos que acuden a la ciudad.

La cubierta del templo está recubierta por 850 kilos de oro y en un pozo de su interior, según la tradición, se esconde el ‘lingha’ (el ‘cacharro’) de Shiva.

Pero también dice la guía que es un templo solo para hindúes y que los extranjeros solo lo podíamos ver por fuera. No sabíamos como pero o las reglas habían cambiado o íbamos a entrar por alguna extraña razón.

Junto a la entrada del templo había una pequeña tienda a la que entramos siguiendo al comisionista de la tienda de sedas. Allí nos presentó a un brahmán, la casta de sacerdotes de la religión hindú.

Nos dijo unas cuantas reglas, no le entendimos la mitad pero le dijimos que si.

No podíamos meter ni cámaras de fotos, ni móviles, ni tabaco, ni mecheros, ni bolis, ni comida, ni bebida, ni calzado ni nada extraño, solo el pasaporte y el dinero. Para depositar el resto había unas taquillas en la tienda.

No podíamos elevar las manos de la cintura. Debíamos mostrar un profundo respeto y nos iba a preguntar un policía nuestra religión y por qué queríamos entrar al templo.

Teníamos que decir que no somos musulmanes (que tienen vedado el acceso al templo) y que estábamos tan interesados desde haces años en la religión hindú que no podíamos dejar de entrar al templo a rezar.

De todos modos tiene guasa que esto te lo diga un sacerdote. Lo de los mercaderes del templo.

Pero parecía fácil, a ver qué tal hacíamos el teatrillo y si no salíamos con el rabo entre las piernas y tres collejas.

Le pregunté al brahmán por el precio y me dijo que eso sin problema, que lo hablábamos al final. Insistí`, por que ya me suena esa peli y me dijo que la voluntad. Tomé nota.

Pasamos un control policial entre sacos terreros, donde nos cachearon realmente a fondo y a Javi le encontraron en un bolsillo un pendrive mío. Comenzó un debate entre los polis entre si era legal o ilegal meterlo.

Le preguntaron que qué llevaba el pendrive. Javi le comentó que fotos y comenzó otro animado debate sobre si se pueden meter o no pendrives con fotos en el templo. Decidieron que no, pero por ser los primeros nos lo guardaban y nos lo devolvían a la vuelta.

Dentro la gente estaba enfervorizada. Me recordaba a escenas rocieras de cuando los mozos saltan la verja para sacar a la Virgen del Rocío de procesión. Empujones, la gente con ofrendas, colas, policías poniendo orden a empujones, …

Pasamos un segundo control policial, más ligero y nos faltaba el tercero, la profesión de fe.

Un poli rápido se dio cuenta de que no éramos hindúes-hindúes del mismo Delhi, ni nietos de Gandhi y nos llamó aparte a una mesa.

Nos preguntó nuestra nacionalidad, a ver si éramos musulmanes y cual era nuestra religión.

Le dijimos que católicos y nos preguntó muy serio que qué se nos había perdido en este templo. Le dijimos que éramos estudiosos de la religión hindú (obvié decir que desde hace quince días) y que queríamos ver el templo.

Nos volvió a preguntar muy serio que si sólo a verlo. Ya le expliqué que no, que quién dice a verlo dice a rezar, a estudiar el hinduismo desde una perspectiva ecuménica y esas cosillas. Parece que le convencí y nos hizo anotar nuestros datos en un cuaderno.

Realmente éramos los únicos extranjeros entre los centenares de hindúes que se apelotonaban nerviosos en el acceso al templo. Nuestro brahmán preferido nos estaba esperando.

Nos había dotado de un kit de ofrendas: una guirnalda de flores, una flor, una hoja, un sobre de tinte para el pelo (literal), unas bolitas de doritos o algo así y poco más. Lo curioso es que lo llevaban todos los hindúes.

Él no explicaría qué hacer con cada cosa.

El templo es un recinto formado por callejones inmundos que dan acceso a tres o cuatro pequeña construcciones, la central de planta circular y unos cinco metros de diámetro con la cubierta de oro macizo.

Esta tenía cuatro puerta, dos de entrada y dos de salida, con colas súper apretadas y empujones y codos para pillar hueco (eso ellos, nosotros empujados y comiéndonos codos).

Dentro había cuatro policías que, a empujones, evitaban que las colas dejasen de fluir. La gente estaba enfervorizada, no era teatro. Llevaban muchos kilómetros caminando para ver esto.

El brahmán nos había advertido que dejáramos en el pozo (no se si es el pozo que guarda la “reliquia de Shiva”) las ofrendas vegetales. En el pozo se veía una esfera de piedra negra inundada por las flores y las hojas de los fieles.

Depositamos la nuestra y salimos a buscar al brahmán. En el lugar se respiraba tensión y sentimiento.

Nos llevó a otra dependencia más tranquila del templo, donde había otros dos brahmanes y nos hizo poner las manos en una estatua y comenzó a rezar algo ininteligible que nos hacía repetir en voz alta para finalizar pintándonos un punto rojo en la frente.

Y nos enseñó un platillo lleno de billetes, pidiéndonos una ofrenda. Le he preguntado serio que de qué cantidad hablábamos y me ha dicho que la voluntad.

Me lo he tomado demasiado al pie de la letra y le he dado diez rupias (unos veinte céntimos de euro). Se ha puesto serio y me ha dicho que otra gente dejaba 500, 600 rupias.

Pero le he explicado que era más un tema testimonial, un símbolo de respeto profundo que un tema mercantil, por que el templo no era un lugar mercantil ni comercial, y que me había gustado mucho la ceremonia. Le descoloqué y lo cogió. Luego Javi le dio otras cien de su parte.

Vaya piara de jetas estos brahmanes. Pero gracias a ellos habíamos entrado en el templo.

Salimos, las imágenes a la salida eran impresionantes, recuperamos el pendrive, fuimos a la tienda a por la cámara y el tabaco y el comisionista nos volvió a traer al hotel.

Una mañana aprovechada.

Después nos hemos a relajado un poco en las horas centrales del día, por que cae un sol de justicia y hemos ido a callejear a callejear.

A la vuelta al hotel he bajado a ver el correo y mi amigo me acababa de responder. Le sonaba mucho el tema, le queria sonas la cona de firmar como ‘Felipe Gonzalez’ y me dijo que si podia localizara al vejete y le fotografiara la hoja.

A ver si le volvia a encontrar.

Mas tarde he visitado nuevamente el crematorio principal tras el atardecer y el panorama era más medieval y sórdido. He estado charlando con un intocable de los que transportan a los muertos, los amortajan, controlan la hoguera y arrojan las cenizas al Ganges.

Quería llevarme entre las diferentes hogueras (para al final pedirme una propina) y le hhe dicho que detrás de una barrera que hay, a tres o cuatro metros de las hogueras estab perfectamente y que por respeto prefería no acercarme más (ahí no me meten ni loco).

Me ha explicado un poco el proceso. No incineran a todos los muertos. Las embarazadas, hombres santos, niños de escasa edad, leprosos y otros dos supuestos que no recuerdo (eran seis) llevaban diferente proceso.

Me ha querido llevar al templo donde viven las viudas pobres esperando la muerte y donde se encuentra la hoguera.

Le he dicho que por hoy tenía suficiente. Le he agradecido la explicación con una pequeña propina, que según él para pagar la leña de los pobres. Luego me ha pedido un ducados, nos hemos despedido y me he vuelto tranquilamente al hotel.

Mañana si tengo cuerpo igual me levanto a volver a ver amanecer desde una barca en el Ganges, desayunar, recoger todo y a hacer el check out, por que a las doce cogemos un vuelo que nos sacará de India y nos dejará en Katmandú, la capital de Nepal.

La segunda parte del viaje. Por aquí todo el mundo nos habla maravillas de Nepal. A ver qué tal nos va.

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9 comentarios

Melo:

Alucinante la primera parte del viaje (y contada tan bien como siempre).

Para próximas ediciones a ver si te llevas a Nico que parece que le ha picado el gusanillo y nos reímos todos un poco leyendo su experiencia (apuesto a que no llega al segundo día de viaje…)

Para la segunda parte del viaje temazo de los Nikis para que tararees en el avión:

¿Porqué ha tenido que pasarme a mi,
que mi chica se ha tenido que ir?
Yo no podré ser feliz.
Ella era una chica muy punk
con el pelo teñido de azul,
pero ahora se ha ido Katmandú.

Con unos hippis se fué al Himalaya
hace ya un mes, no la he vuelto a ver.
Desde entonces mi cabeza me falla,
yo no sé, yo no sé que me vá a suceder.

Porque mi chica se ha ido a Katmandú, uh.
Mi chica se ha ido a Katmandú.
Me parece que no volveré a verla más.

Tengo un billete para ir al Nepal,
en el avión lo pasaré mal.
El Himalaya se divisa ya.

He cogido un tren al Everest,
todos los chinos están a mis pies.
No la conoce ningún feligrés.

Con unos lamas la vi haciendo yoga
y no me quiso saludar.
Salte conmigo de esta pagoda
que te voy a asesinar.

Porque mi chica se ha ido a Katmandú, uh-uh.
Mi chica se ha ido a Katmandú.
Me parece que no volveré a verla más.

Un abrazo,

Iñigo

Comentario por Iñigo

Gracias Inigo.

Jo, me quiere sonar la musiquilla de la cancion de los Nikis.

Un abrazo,

Comentario por .melo

Ya te mandé luego otro e-mail tras consultar con mis acompañantes de hace ¡22 años! y les caben muy pocas dudas: tiene toda la pinta que la letra del libro de recomendaciones de la tienda es la mía. Me lo confirma la utilización del segundo apellido (por tema de curro algo largo de explicar nos hacíamos pasar ante oficiales de notaría como Xabier Arzalluz Antia o Carlos Garaikoetxea Urriza, siempre con 2 apellidos, añadiendo: “no, no somos familia del político) y el poner el nº 1 de Palacio de la Moncloa para que no se mosquearan los naturales del lugar al no ver número. Además, digamos que conoces perfectamente mi letra por los apuntes de la Uni. Lo dicho, píllale al “comercial” y sácale una foto al librillo.

Comentario por Felipe González

Buenas,

Esta manana he buscado al viejo por los ghats de Varanasi y no le he encontrado y ya estamos en Kathmandu.

Que pequeno es el mundo.

Un abrazo,

Comentario por .melo

http://www.youtube.com/watch?v=6t3LlxWr84o (enlace para los Ramones de Algete y su punk tibetano)

Recuerdos a Gere y Jolie (sabes que yo me quedo en la vertiente comercial del asunto…)

Comentario por Iñigo

Enhorabuena a los dos, prueba conseguida :o)
Muchas gracias por todas vuestras aventuras.
Melo, este diario es de los de publicar :o) y las fotos son de concurso. Bravo.

Ahora a disfrutar del Nepal :o)
Un abrazo a los dos,
Andres.

Comentario por Andres

Me alegro de que te guste. Eso es que lo miras con buenos ojos :)

Comentario por .melo

Ese Melo!!! Te voy siguiendo los pasos por tu hermano, Carlos. Hoy me he metido en tu blog. Genial. Se ve que lo vives… Al leerlo te entran más ganas aún de visitar esos lugares… A ver si algún día “suena la flauta”. Veo que estás hecho “a very hard bargainer”, good, es fundamental para sobrevivir por esas tierras… Por aquí muy bien, comenzamos ahora las dos semanas de vacaciones (para los profes, claro)… La segunda estaré en Italia, un viaje algo diferente al tuyo… Cuídate y espero escuchar tus impresiones en vivo, aunque seguro que leeré tu blog más de una vez. Un abrazo. David.

Comentario por David Villahoz

Cuenta con un ginkas a la vuelta y hablamos. Un abrazo David,

Comentario por .melo




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