.melo en Kathmandu (y en la India)


Asi es Pushkar
Domingo, 29 marzo 2009, 10:54
Filed under: india, pushkar, transportes, tren, udaipur

Sonrisas

Nos levantamos a las ocho y media de la mañana en nuestro hotel de Udaipur, en la orilla del lago Pichola, recogimos nuestras mochilas y subimos a la terraza de la azotea del hotel a desayunar viendo el lago.

Tardaron en servirnos lo que tardan habitualmente. Desde que pides
algo media horita no te la quita nadie.

Y tras el desayuno llegó nuestro chofer y montamos en el coche en dirección a Pushkar.

Pushkar es una de las ‘holy cities’ ciudades sagradas de la religión hindi.

Otras ciudades sagradas son Rishikesh (la ciudad india a la que viajaron los Beatles en su época hippie), Varanasi, …

En uno de los ghats (escaleras que bajan al lago, donde los fieles se bañan) de Pushkar depositaron las cenizas de Gandhi, el padre de la patria india, tras su fallecimiento y cremación.

En esta religión no existen los pecados como tales, pero si buenas y malas acciones y formas de ir ganando y perdiendo puntos.

Básicamente es como una partida de un juego cuyo objetivo es el nirvana, la plenitud, su paraíso lleno de bellas odaliscas y ecos de Bollywood.

Si llevas a cabo buenas acciones te acercas al nirvana y si son malas te alejas.

Al fallecer si has muerto en plenitud de buenas acciones vas al nirvana, pero si tienes pecadillos tienes más oportunidades de ir mejorando en la partida.

¿Cómo? Reencarnándote.

Cuanto más cerca hayas quedado del objetivo te reencarnarás en una persona más agraciada y si has sido malo arrastrarás un personaje mucho más desgraciado durante la siguiente partida.

Si en esta nueva oportunidad lo haces bien podrás ir acercándote más al nirvana hasta conseguirlo.

Pero como en cualquier juego hay casillas mejores y peores y si mueres durante tu estancia en una ciudad sagrada, obtienes directamente tu pasaporte al nirvana.

Y te preguntarás ¿por qué no se van todos a vivir a ciudades santas y se olvidan del ciclo de reencarnaciones? Ni idea, son indios, tienen otra lógica para todo.

Nosotros saldremos de aquí en un par de días no sea que, de majos que son, nos apuñalen para hacernos un favor y pasaportarnos directamente y sin pasar por la casilla de salida al nirvana.

Pero bueno, nosotros estábamos en Udaipur. Cogimos carretera y manta y nos sumergimos nuevamente dentro de la maraña del tráfico indio.

Una locura. Coches de frente, vacas, monos, perros, dromedarios que se te cruzan, camiones que parece que te embisten, …

Solo creyendo firmemente en las reencarnaciones y teniendo unas ganas locas de reencarnarte y cambiar ya de personaje te puedes meter en esa jungla.

No se cuantas veces se habrá reencarnado nuestro chofer dada su manera de conducir.

El hecho es que seis horas de frenazos y acelerones después llegábamos a Pushkar. Sanos y salvos.

El taxista nos había dicho algo de que iba a recoger a un amigo en Pushkar para no-se-qué. No le entendimos muy bien, pero le dijimos que si. Para qué vas a discutir.

Y a la entrada de Pushkar nos esperaba un rajhputa, con su bigote y todo, que se puso en el asiento del copiloto.

Por supuesto el chófer nos había propuesto ir al hotel de un amigo suyo, que estaba en el centro, estaba bien de precio y donde, por supuesto, nos perjuraba que no chupaba nada de comisión.

Lo vimos y aunque la habitación no estaba muy allá, tenía piscina y césped abajo para poder sentarte tranquilo en el jardín, así que nos la quedamos.

El amiguete de nuestro chófer no dijo que si queríamos podíamos dejar las cosas en la habitación, ducharnos y relajarnos, que él nos esperaba en la puerta.

Le dije que si, que ya veríamos nosotros lo que hacíamos, pero que para qué nos esperaba. Me respondió que para enseñarnos la ciudad.

Mensaje recibido. Era un guía que nos quería enchufar nuestro chófer, otra forma de obtener una comisión y exprimirnos. Le dije que gracias pero que no era necesario.

Me dijo que sin problema, que a él no le importaba ser nuestro guía durante la visita a Pushkar. Le insistí en que no era necesario. Hizó ademán de insistir, pero le dije que “thank you”, comencé a girarme y se fue. Puff.

Dejamos las cosas y al salir nos dimos cuenta de que esta ciudad es como Lourdes, una ciudad de peregrinaciones.

Si te bañas en su lago central consigues puntos para ir acercándote al nirvana y mucha gente peregrina hasta aquí para éso. Esto no contaba para nosotros, no nos pensábamos bañar en el lago.

Pero nos dimos cuenta enseguida de algo que si nos afectaba y de una manera importante.

Al ser una ciudad santa está terminantemente prohibido el consumo de alcohol y de carne.

Y esta norma vale para todos, no vale que les digas que tu eres de “la religión verdadera”. Te aguantas y a comer alfalfa y beber limonada como todos.

Eso no debe regir para la marihuana por que se nos acercaron unos cuantos malotes ofreciéndonos canutos. Pero parece que solo trafican con ‘maría’ y no con chuletones ni con cerveza. Una pena.

Por la calle, suciedad a espuertas, muchos sadhus (santones hindis), yankees hippies con lo ojos rojos y las pupilas pequeñas, vacas, monos, perros (algunos con sarna) y peregrinos indios con el polvo y los kilómetros pegados a las sandalias

Teníamos hambre y la ciudad no era, gastronómicamente hablando, un paraíso sagrado para nosotros, pero alguna medida debíamos tomar para llenar el estómago.

Nos guiamos por la Lonely y acabamos en un restaurante, en la azotea de un edificio, con especialidad en comida india, libanesa, israelí e italiana (y Javi con su camiseta de “Free Palestine”).

Y la verdad es que comimos bastante mejor de lo que esperábamos. La materia prima era muy buena y tenían a gala el utilizar aceite de oliva y era cierto.

Tras la comida yo me fui a dar un paseo y Javi se fue un rato a la piscina. Aproveché para comenzar a arreglar (o a finalizar de estropear) un lío que tenemos (y seguimos teniendo) con la compañía ferroviaria india.

Resulta que cuando compramos (hace un par de días) los billetes desde Ajmer hasta Agra y desde allí hasta Varanasi, al comprarlos desde dentro de India no nos dejaba poner una dirección extranjera, así que puse la mía de casa, un código postal, e “India” (por que no me dejaba cambiar el país).

Y recibí un mail de un fulano o una fulana diciendo que aunque el billete estaba confirmado, no nos lo podían dar por válido por que la dirección era falsa.

Le respondí explicándole el problema con el que nos habíamos encontrado en su web, dándole mi dirección española y pidiéndole que me confirmara que nuestros billetes estaban confirmados.

Si no, nos metíamos en un lío para salir de aquí. Así quedó el tema.

Volví un poco preocupado al hotel y subimos a cambiarnos de ropa a la habitación. Por la tarde la habitación era bastante deprimente y no estaba tan limpia como nos había parecido de primeras.

Decidimos dormir allí y al día siguiente buscar un hotel que nos gustara más. Y con éstas salimos otra vez a disfrutar del espectáculo.

En India lo verdaderamente importante no está en los templos o en los grandes palacios, sino en la calle.

Nunca sabes lo que te vas a encontrar a la vuelta de cualquier recodo, pero sabes que siempre serán miles de realidades sorprendentes.

El mayor problema es que tal exceso de información te acaba saturando y no puedes estar atento a todo.

Una vaca dormitando, derritiéndose bajo el sol en medio de la calle, a la chicharra del mediodía, mientras dos coloridos pajaros la despiojan y su ternerillo la peina amistosamente a lametazos.

Casi te atropella el carrito que empuja el vendedor de fruta mientras rodea las vacas y anuncia, voz en grito, su género.

Te cruzas dos sadhus con ropas coloridas, turbante y cacillo que avanzan trabajosamente, charlando de sus ’hare krisnas’, apoyándose en sus decorados bastones.

Varias mujeres engalanadas según la tradición rajastaní (iba a escribir “rajhputas“, que es lo suyo, pero en este caso olería más a fulaneo y no es el caso) te ofrecen sacarles fotos previo pago de una cantidad de rupias desmesurada.

Tu cabeceas y susurras entre dientes el enésimo “tomorrow, may be” del día.

Los vendedores de ‘samosas’ y otras fritangas de aspecto indigerible, trabajan su género mientras invaden el ambiente con el pegajoso aroma a aceite de coco requemado.

Una niña se dispone a hacer ‘aguas mayores’ en medio de la calle y has de evitar atropellarla en tu caminar.

Debes girar a la izquierda para evitar una vaca que, con mirada de inteligencia vacuna, acude con ritmo cansino a comer la basura que acaban de arrojar a la calle desde el comercio de al lado.

A tu derecha, dos buscavidas al verte se empeñan en convencer a una pobre cobra para que baile al ritmo de la flauta, mientras ella insiste en que con este calor es mejor dormir en su cesta.

Así es Pushkar.

Cientos de cosas ocurren simultáneamente a tu alrededor, en el mismo puñado de metros de calle, da igual la calle, vayas donde vayas.

Así que con las mismas y tras disfrutar de la vida en las calles decidimos que ya era hora de cenar dado que si no nos dábamos prisa nos iban a cerrar todo.

Aquí cuando llega la hora mágica, que es bien prontito, al poco de caer el sol, la gente comienza a desaparecer de las calles, se apaga la luz de los comercios y llega la tranquilidad.

Fuimos a cenar al mismo restaurante en el que habíamos comido. Y pese a que el menú seguía siendo vegetariano, volvimos a disfrutar.

Cansados, retornamos al hotel mientras caían cuatro gotas, y nos recogimos para dormir.

El exceso de información, el calor y las seis horas matutinas de tute de coche nos habían agotado.

Esta mañana nos hemos levantado, más descansados y con la idea clara de que teníamos que cambiar de hotel.

Tras la duchita de rigor hemos salido a buscar un garito para desayunar y ya, con el estómago lleno, hemos mirado un par de hoteles.

A la tercera hemos encontrado un hotel muy chulo, con una relación calidad precio interesante y muy limpio y luminoso. Además la gente del hotel era muy agradable y rápido hemos tomado la decisión y hecho la mudanza.

Javi tenía que afeitarse y ha acudido a un barbero con el que estuvo charlando ayer.

Yo le he acompañado y después me he ido a un ciber deseando que nuestro problema con la compañía ferroviaria estuviera solucionado. A ver si les valía con mi dirección de España.

Nada más abrir el correo he visto que me habían respondido.

Me decían que desde India solo se pueden comprar billetes de tren con una dirección india.

He respondido al correo escribiéndole la dirección de nuestro hotel, explicándole que era la única dirección india que teníamos (no nos vamos a comprar un piso solo para arreglar lo del billete).

Mientras tanto me he puesto a subir algunas fotos más al blog y al cabo de un rato ha respondido a mi mail.

Me ha dicho que esa dirección no vale por que en Pushkar no hay estación de tren (qué más les dará) y que tenemos que acudir a las oficinas de una estación de tren para validar el billete con nuestros pasaportes.

No entendiendo muy bien la lógica del problema he vuelto a nuestro hotel, donde hay conexión a internet.

He hablado con el encargado, me he conectado a mi correo, el del hotel ha leído la retahíla de correos, parece que ha entendido la lógica del problema (lógica india, lógica surrealista, pero ellos lo entienden), muy dispuesto ha apuntado un par de datos y ha cogido el teléfono.

Ha llamado a la agencia de viajes de Pushkar con la que trabaja para ver si ellos nos podían hacer la gestión y le han dicho que para el tema que era, imposible.

Que la solución es que vayamos mañana por la mañana a la estación de Ajmer para arreglar el tema con nuestros pasaportes.

Así que no queda otra. Tendremos que hacer lo que nos decían por mail.

Mañana por la mañana a las nueve y media vendrá a recogernos un chofer que hemos encargado al gerente del hotel y que peleará por nosotros, confiemos, en las oficinas de la RENFE local.

Si tenemos suerte (en el mail ponía que debíamos hacerlo en un plazo de 24 horas antes de la salida del tren y con el primer tren ya no llegamos, pero el del hotel dice que seguramente no haga falta) en la madrugada del domingo al lunes cogeremos un tren desde Ajmer, a las tres y pico de la mañana, que nos dejará seis horas después en la ciudad de Agra donde veremos el Taj Mahal y el Fuerte Rojo de la ciudad.

Durante el día dejaremos las mochilas en la consigna de la estación.

Y a las nueve y pico de la noche cogeremos otro tren que nos dejará al amanecer del martes en Varanasi, Benarés, otra ciudad sagrada famosa por las cremaciones de las personas que acuden allí a morir para alcanzar directamente el nirvana.

Ah, hoy he sacado a pasear el tele y aunque la conexion no es muy rapida he podido subir algunas fotos de Pushkar.

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Actualizado:

Hemos estado en Ajmer y nos han confirmado el tren de esta noche hacia Agra.

Para el siguiente, manana por la noche de Agra a Varanasi, eramos los numeros tres y cuatro en la lista de espera y ya somos los numeros uno y dos.

Crucemos los dedos.

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8 comentarios

Por fin saco un rato… Buf.

Ya veo que la India es aventuras a mil en miles de mundos dentro de otros miles de mundos. Creo que consigues transmitirnos perfectamente la vorágine que estáis viviendo en esas coloridas tierras.

Que digo yo que algo de la peculiar lógica india se os estará pegando para no volveros locos ante el surrealismo que os rodea. ¿Habrá tenido algo que ver el Imperio Británico en ese desquicie que tan entretenidos hace tus posts?

En fin, que te/os leo en los pocos ratos que me dejan y lo estoy saboreando con gusto. Disfrutad.

Comentario por Sr.K

Y yo queriendo hablar contigo, te pareces a Zapatero.
No conseguirás el Nirvana, has perdido puntos.
La próxima te mandamos a Garzon.

Comentario por La niña de rajoy

Me ha acabo de zampar un chuletón que no chuletoa que te cagas, (denominación de origen Castilla y León) y lo he celebrado a vuestra salud porque veo que no podéis probar carne. Me alegro que lo del billete del tren se solucionara.Suerte a los dos y más sentido pesame por lo del nuevo lendakari sociata,una pena que no sea del PP.Salud y bien.

Comentario por oscar

Hola!

Me esta encantando tu blog, es un lujo que nos permitas compartir tu viaje.
Las fotos son geniales.

Disfruta mucho. Nos vemos a la vuelta.

Saludos de Caco.

Besos

Comentario por Virginia

Melo, por si no veis los telediarios, dile a Javi que con la lógica hindú igual no entienden bien eso de Free Palestine…
Buena suerte y felicidades por las fotos

Comentario por Rufo

No te lo vas a creer, pero se ha colado un hacker zumbado en tu blog y ha comenzado a utilizar mi nombre en repetidos comentarios. Así, que para evitar confusiones, me retiro. Si sigue escribiendo será que aún no ha tomado la medicación. Por cierto, iros inmediatamente a un hotel con tv por satélite porque empieza ahora en TVE “Tengo una pregunta para Vd” en la que sale mi papuchi Mariano. Las fotos, una pasada.

Comentario por La niña de rajoy

Buenas, acabo de ver las fotos, algunas impresionantes (enfoque, encuadre, luz, colorido, la espontaneidad de captar el momento,..). La del barbero con las imágenes en el espejo parece sacada de una secuencia onírica (se ve lo de dentro, lo de fuera, el lateral y genera muchas preguntas). Me alegro que estéis disfrutando de las dos aficiones el viajar y la fotografía, un abrazo desde una Barcelona lluviosa.

Comentario por Noe

Desde luego que ahora me parece mucho más normal tu entusiasmo en el aeropuerto de Barcelona. Me parece sensacional el blog,un estirón de orejas para nosotros y, por lo que escribes, más de un estirón de ojeras para ti… Ánimo con la travesía.. Es una gozada lo que cuentas y cómo lo cuentas, enhorabuena (fotos: no comment… genial!)

Comentario por Zorro y Zaurre




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