.melo en Kathmandu (y en la India)


Feliz 2068
Sábado, 28 marzo 2009, 8:31
Filed under: india, udaipur

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Llegamos a Udaipur de noche.

El taxista que nos traía desde Jodhpur nos preguntó a ver si teníamos reservado algún hotel. Le dijimos que no, pero que traíamos un par de ellos ojeados en la Lonely.

Casualmente nos dijo que un amigo suyo tenía un hotel majo, a buen precio, en el centro, con vistas al lago y que si queríamos nos llevaba sin ningún compromiso, que él no se llevaba ninguna comisión, que era solo para hacernos el favor.

Además se ofreció a llevarnos a buen precio a Pushkar a los dos días y nos dio un precio “de amigo”.

Fuimos a ver el hotel y el precio no correspondía a la calidad. Olía a comisión, así que dijimos que no.

El taxista insistía en llevarnos a otro hotel, pero le dijimos que era tarde y que gracias, que ya lo buscábamos nosotros solos (y seguro que nos salía mejor de precio).

Nos dejó su tarjeta por si le llamábamos para ir a Pushkar, le dijimos como a todos “may be”.

Miramos en el hotel de al lado y encontramos una habitación pequeñita pero maja, bien de precio y con unas vistas muy chulas sobre el lago. Además justo encima estaba la terraza del hotel, donde tenían el restaurante.

Instalamos nuestra cosas y subimos a registrarnos y a cenar.

El dueño del hotel se llamaba Hussein. Era musulmán y le hizo gracias que fuésemos españoles, hizo dos chistes, fue a la cocina y en un momento puso un disco de Kiko Veneno, El Cigala, …

Mientras nos registrábamos vimos que en una pared del restaurante (que estaba abierto al lago) había una pintura de una sirena y la firma del autor era “maricón”. Le preguntamos que si sabía qué significaba eso en castellano.

Se rió y dijo que si, que el autor era un amigo suyo español y que cuando lo acabó lo firmó como “Hussein maricón”.

Cuando otro español le explicó lo que significaba tachó el “Hussein” (si lo mirabas de cerca veías que efectivamente ponía éso) y dejó lo de “maricón” por que le hizo mucha gracia.

Cenamos unos platos indios por que no había mucho más en la carta, Javi disfruta más que yo con la cocina india, pero no estaba malo.

Acabamos la noche con unas cervezas de 680ml. y una agradable charla, antes de irnos a dormir por que después del viaje estábamos molidos.

Al día siguiente nos levantamos pronto para ver la ciudad. Desayunamos en la terraza del hotel y emprendimos la marcha.

Al cabo de un rato comencé a notar que la cena del día anterior no me había sentado del todo bien. Buscamos rápido un restaurante, pedimos unas coca-colas y emprendí una carrera hacia el baño.

Llegué por los pelos y confirmé que mi estómago aun no tolera la comida india. Decidí llevar a cabo una retirada táctica al hotel para meterme fortasec e hidratar con superoral, para dejarme luego caer derrotado en la cama.

Mientras tanto Javi se fue a recorrer la ciudad.

No comí y por la tarde, tras una reparadora siesta, me encontraba bastante mejor. Un poco flojo pero en forma.

La ciudad de Udaipur es mucho más abierta que Jodphur. Las calles son más amplias, la gente más amable y el lago le da un agradable espacio libre que les falta a otras ciudades indias.

Es una pena que el lago lleve unos años con poco agua y tenga zonas de calvas, pero relaja descansar la vista en él.

Una de las características diferenciadoras de India es que en todos los sitios pasan mil cosas a la vez, hay mil colores, mil olores, se te cruzan miles de personas, bicis, motos, rickshaws, perros, debes de tener la vista en todos los lugares a la vez y además en el suelo para no pisar lo que no debes.

Es una realidad muy rica y cautivadora, pero a la vez es agotadora. Sometes al cerebro a una cantidad de estímulos a procesar que terminas borracho de información. Y Udaipur es un agradable lugar para relajarte un poco.

Había un tema que nos urgía, debíamos cerrar los billetes de tren desde Ajmer (a media hora de Pushkar) hasta Agra y desde allí hasta Varanasi (Benarés) y el vuelo desde Varanasi hasta Katmandú.

Viajar en tren en India es mucho más agradable que viajar en coche, además de más barato.

En coche y más en India, vas todo el tiempo acelerando y decelerando, con frenazos bruscos cuando se cruzan un rebaño de vacas o ves que de frente viene un camión por tu carril.

El viaje en tren es mucho más agradable para el sistema muscular y nervioso, te puedes levantar a dar un paseo, te puedes acostar en tu litera, el traqueteo del tren te acuna y no se duerme mal, …

Además la red ferroviaria india es muy amplia, herencia de su pasado colonial y, aunque haya bastantes demoras, es bastante eficaz.

Pero por todo esto, tiene mucha demanda y si no compras tus billetes con varios días de adelante te quedas en tierra.

Así que nos fuimos a un cibercafé a conectarnos a la web de los ferrocarriles indios. Los indios serán los reyes del software en los Estados Unidos, pero la web de los trenes es un “sin dios” que no hay quién entienda.

Como curiosidad es una web que cierran por la noche. Incredible India.

Finalmente conseguimos comprar los billetes falseando nuestra dirección, por que solo nos dejaba poner una dirección en India.

Tenemos los billetes confirmados para el primer trayecto y somos el tercero y el cuarto en la lista de espera en el segundo. Por lo que nos dijeron hay muchas anulaciones y tenemos muy altas probabilidades de pillar plazas.

Después de esto nos fuimos a tomar una cerveza para celebrarlo a una terraza que había frente a un templo y vimos algo raro. Un montón de policía, gente con flores, pancartas, …

Preguntamos y no dijeron que iba a haber una fiesta por que esa noche era la nochevieja india. Entrábamos en el año 2068 según el calendario indio. Estamos todos locos.

Había un montón de mujeres con sus saris de gala al pie del templo, cuando de repente apareció una manifestación de hombres en vespino, que llevaban una cinta tipo “reina de las fiestas” con los colores de la bandera india.

Llegaron a lo pies del templo y comenzaron a cantar una consigna, mientras sonaban tambores, que parecía las que se cantan en un estadio de futbol para animar a tu equipo y desde arriba del templo comenzó a descender lentamente, escaló por escalón, una mujer con sari rojo, escoltada por otras cuatro mujeres de coloridos saris, que llevaba sobre su cabeza un candil como una vela dentro.

Llegó hasta los pies del templo y depositó la luz en la zona trasera de un coche tipo Suzuki Vitara (sería un Tata-algo, por que aquí todos los coche son Tata ) descubierto.

El coche iba escoltado por policías armados por largas varas de bambú y por fuerzas antidisturbios con chaleco antibalas al hombro.

En el coche iban de pie unos señores, vestidos de blanco, que tenían pinta de ser autoridades y en ese momento las mujeres que estaban a los pies del templo comenzaron a lanzar pétalos de flores sobre la comitiva hasta crear una alfombra roja.

Finalizado esto la comitiva reemprendió su camino para anunciar el año nuevo por toda la ciudad, dejándonos a Javi y a mi con cara de alucinados.

Apuramos la cerveza y decidimos ir a comprar el billete de avión que nos llevaría desde Varanasi hasta Katmandú, en Nepal.

Al entrar en la agencia de viajes nos dimos cuenta de que el encargado era tuerto, gordito y parecía simpático.

Le dijimos el trayecto que queríamos comprar, la fecha, nos pidió los pasaportes e hizo una llamada tras la cual nos dio precio. Era mejor que el que habíamos visto por internet.

Le dimos el ok y se empezó a liar con nuestro pasaportes. Él no entendía que tuviéramos nombre y dos apellidos y le sobraban datos. Le intentamos explicar y al final, visto que no lo entendía se fió de lo que le decíamos.

Tenía un ordenador delante, pero hizo la operación por teléfono, deletreando nuestros datos con el alfabeto marítimo de alfa, bravo, charlie, …

Nos dijo que estaba bien y que en un momento le confirmaban y nos imprimía los billetes.

Durante la espera nos dijo que le hacía mucha gracia que fuésemos españoles (aquí a todo el mundo le hace gracia, no sabemos por qué) y que su “mejor-mejor-mejor amigo” (no entendimos muy bien si es que eran buenos amigos o pareja de lecho) vivía en Peñíscola y que él seguramente iría el año que viene o dentro de dos.

Ya le dijimos que el castillo de Peñíscola era muy bonito y que el paseo marítimo con sus palmeritas y sus chiringuitos era un lugar perfecto para pasear con su mejor-mejor amigo, cogiditos de la mano. Nos dio la razón satisfecho.

Al cabo de un rato apareció un fulano en moto, a toda velocidad, con un sobre que traía la impresión de internet de nuestros billetes. Tecnología low-cost.

Con nuestros billetes en la mano salimos a la calle donde la gente celebraba el año nuevo.

Mucha guirnalda, pétalos de flores, espumillón, dorado, plasticote, musiquilla rollo “casiotone”, una estética recargada, …, es nochevieja en Bollywood.

Y allí nos volvimos a encontrar con el italiano y el francés con los que coincidimos en el tren de Delhi a Jaisalmer y con los coincidimos cenando la primera noche de Jaisalmer en el restaurante tibetano.

El francés estaba algo tocado del estómago y tenía unas décimas de fiebre y se retiraba a dormir, así que invitamos al italiano a venirse a cenar con nosotros.

Fuimos a la terraza de nuestro hotel, desde donde se divisaba perfectamente una celebración de fin de año que se celebraba enfrente, justo al otro lado del lago. Tomamos unas cervezas y cenamos. Mi estómago ya respondía a los estímulos.

La cena fue muy agradable. El italiano había estado un año de Erasmus en España y hablaba un perfecto castellano, había trabajado cerca de Londres y ahora llevaba un tiempo en París. Un tío con mundo.

Estuvimos charlando sobre la diferente visión del mundo y de la forma de viajar en los diferentes países.

De cómo hay países más maduros (los inglese y sobre todo los franceses son los padres de la forma de viajar actual) y cómo hay sociedades menos maduras en este tema que viajan por los países sin que los países viajen por ellos, sin buscar la esencia de cada sitios y quedándose con la piscina del hotel o con lo barato de las compras.

También estuvimos hablando de la realidad actual de nuestros países, las diferentes percepciones de la misma realidad, … , una conversación interesante.

A eso de las doce planteamos al dueño de nuestro hotel sobre qué precio nos podía conseguir para ir en coche a Pushkar.

Nos dió un precio bastante mejor que el precio “de amigo” que nos había propuesto nuestro chofer anterior y cerramos el acuerdo para viajar hoy viernes a las nueve de la mañana, yéndonos a dormir con una preocupación menos.

Al día siguiente estaríamos en Pushkar, la ciudad sagrada.

Ah, he subido un punado de fotos.

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5 comentarios

Os seguimos dia a dia. Melo nos alegramos que tu estomago vaya mejor. Seguid disfrutando del “Increible India :o) Las 680 ml en una de esas azoteas magicas comentando las batallas del dia lo arreglan todo.
Un abrazo desde la cote d’Azur de parte de los tres. EllieTiagoAndres.

Comentario por Ellie&Andrés

Hola Melo, cuando puedo entro a saber algo de tu viaje. Me das mogollón de envidia, aunque por otra parte doy gracias a Dios por que todavía queda gente que viaja de otra manera más programada (si no fuera así tendría que cambiar de negocio). Me alegro de verte disfrutando otra vez de tus aventuras y espero que te acostrumbres pronto a la comida India. Un abrazo

Comentario por Javi García

Melo, disfruto leyendo vuestras aventuras. Aprovechar a tope por allí, un abrazo. Karlitos. PD: Recuerdos de la CUCA.

Comentario por Karlitos

Eres un chungo. Hoy te hemos llamado a la hora del poteo y no nos has cogido. Estábamos junto a una conocida tuya del curro y le íbamos a pasar el teléfono por si tenías algo que comentarle. El sábado que viene será. Dorotea me ha preguntado por tu conjuntivitis, ya que su amiga aún renquea. Superada, ¿no?

Comentario por La niña de rajoy

Buenas,

Me deje el movil en la mochila grande. El finde que viene sera.

Mi conjuntivitis completamente solucionada.

El estomago va y viene por dias, pero muy leve asi que sabre torearlo.

Un abrazo,

Comentario por .melo




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